martes, 5 de junio de 2012

A cada cantor... ¡SE VA LA TERCERA!

LLegan los Santucho desde Pergamino y Rosario al barrio de San Telmo, la música del país y la de la patria grande dispuestas para los oídos atentos de la militancia. Porque disputamos sentido no nos comemos mas la historia que nos vendieron ni los símbolos que alientan otras identidades en desmedro de la nuestra, como estratagema para perpetuar la dependencia. ¡No hay liberación posible si no se cultiva y defiende el orgullo por lo propio!!!!

lunes, 7 de mayo de 2012

Martín Fierro y PAYADORES


El ciclo A CADA CANTOR SU PAISAJE reinicia este año con la presencia de payadores de la provincia de Buenos Aires. Además de la payada, Pablo Solo Díaz presenta su espectáculo para clown y títeres "Martín Fierro el payador perseguido". Seguimos insistiendo en lo que hay que recuperar de la expresión popular del páís. Cada región de nuestra Nación tiene un modo diverso de expresar su realidad que es necesario conocer mas allá de los avatares de mercado. (En tanto la industria cultural argentina no adquiera  un nivel necesario para absorber, circular y potenciar los bienes simbólicos que nuestra cultura produce, estaremos a merced de los símbolos de otras culturas, que las multinacionales comercializan y que lavan lenta pero incesantemente las identidades que nos componen...)

jueves, 26 de enero de 2012

Adyacencias del SUICIDIO

Un servicio excelente
Es bastante común para los ciudadanos de Buenos Aires, más específicamente para los usuarios de subtes y trenes urbanos, encontrarse con los servicios interrumpidos a causa de algún suicida. A las demoras e incomodidades que ello ocasiona para los primeros, se puede contrarrestar –desde el punto de vista del segundo- con la comodidad práctica que implica disponer de varias vías férreas transitadas, si se quiere asegurar el auto-paso a mejor vida.
Por lo demás, la ciudad no tarda nada en deglutir el evento y la vida continúa. Es decir, se repite…
Esperando en la estación de Villa Luro, la formación del ex ferrocarril Sarmiento que llega hasta el barrio de Once, y después de un rato de ausencia de trenes en esa dirección, se escucha el anuncio por los parlantes de la “circulación con demora debido a un accidente en Castelar”. Del siguiente tren que se detiene, en dirección contraria, baja un guarda que nos anuncia a los párvulos que ya llevamos esperando más de veinte minutos, que “hasta dentro de media hora, no va a pasar ninguna formación hacia Once”.
Algunos disponen de la resignación y el tiempo suficientes para continuar la espera, otros salimos en estampida buscando el bondi que nos lleve al laburo. Se escucha una puteada puntual:
“- ¡Qué servicio de mierda!”,
Un botón que viene con el guarda defiende:
“- El servicio está perfecto señor, el problema es la gente que se suicida”.
Entre los que vamos buscando la salida del andén alguno le retruca:
“- …Por ahí se suicida por el servicio de mierda…” y no falta quién lo festeje. El botón sigue corporativo y solemne:
“- El servicio es excelente, y no tiene nada que ver con la gente que se mata por los problemas de la vida”

Frase esta, que me lleva a evocar a...

El Negro César en el D. F.

Los problemas que tenía el Negro César cuando llegó desde la cordobesa Río Cuarto, a vivir amontonado en un vagón del ferrocarril Belgrano, en la capital porteña, me los refirió una noche en el bar “Otoño”, frente a los mejores chilaquiles de la Colonia Del Valle, en el Distrito Federal de México.
“- El único amigo que tenía en la capital -dice- me había dado un trabajo en su comercio, y me las había venido aguantando como podía.  Pero un día me sentí hasta las bolas, harto, podrido de perseguir sueños inalcanzables sobre una especie de fondo de bandoneón lloroso y mugriento”.
Frustrado, se vio a sí mismo como esos perros del pueblo que corrían ladrándole a las gomas de los autos; y le dieron unas locas ganas de parar, de no escuchar más ladridos, de que las ruedas terminaran con todo…
Así que una noche -dice que le dijo a su amigo y patrón- “Esta noche listo… me limpio. Ya lo pensé bien y no quiero más…”
El otro, después de mirarlo un largo rato en silencio, le dice que está bien, que es su vida y su muerte, pero que no vaya a elegir para matarse su negocio, que lo comprometería y que además la alfombra es nueva…
“- Me fui odiándolo y puteando la alfombra, ¡por Dios! Cómo putee esa alfombra… Pero al otro día estaba vivo, y al otro y al que siguió… Es así flaco, uno nunca deja de ser un boludo pero a veces es corregible ¿no? Sobre todo en Argentina donde cada boludo tiene a la mano gozar de ese particular sentimiento llamado amistad…”
Es verdad, tiene razón el Negro César con eso de la amistad, aunque no siempre es necesario –a Dios gracias-  el uso de la sicología inversa. Hay veces en que sólo sirve la acción física e inmediata, como le pasó una vez a... 


El Piringuito, de Villa Atuel

El amigo lo encontró colgado en el bosquecito de Eucaliptos, que está yendo para los médanos. Estaba a las patadas en el aire y el tipo saltó de la bicicleta para impedir el suicidio:
“- Pero que hacés animal. ¡Dejate de joder, carajo!” - el agitado reproche.
A lo que el sorprendido “in fraganti” responde: 
“-…No quiero más hermano, esta vida es una mierda…” y frases por el estilo mezcladas con llantos y quejidos.
En eso el amigo, que lo tiene abrazado de los muslos para soliviar el peso a la soga, nota que la misma rodea la cintura del Piringuito. Lo suelta, se ríe, lo putea…
“-¡Que te parió! Si te querés ahorcar ¡Pelotudo! la soga va en el cuello… ¡No como cinturón!”
Y el Piringuito, con la mano en la garganta, le contesta:
“- Es que del cuello, me ahogo…”

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Recuerdo de la CANCIÓN SOCIAL

Imagen del Festival de la Canción Social, realizado en el ECUNHI, en Marzo de 2009. Gracias a los compañeros de Arte Militante con Cristina, que me activaron el grato recuerdo

jueves, 17 de noviembre de 2011

A cada cantor su PAISAJE

Nos juntamos en el barrio porteño de San Telmo a escuchar y vivenciar imágenes sonoras que pintan el paisaje de nuestro país. En esta oportunidad contamos con el aporte artístico de Pedro Conde y su impronta porteña, y Angeles Asensio y Freddy Vidal de Mendoza, con cuecas y tonadas para armar el recomponealmas del mapa propio del espiritu nacional. Es un apronte para el ciclo pensado para el año que viene, doblemente necesario porque la militancia -sobre todo la que se incorpora en estos tiempos- precisa del contacto con el paisaje simbólico del arte popular de este país y porque el arte popular de este país demanda ser "militado". 

Los esperamos. La entrada es popular (10 mangos), hay empanadas y bebestibles varios.

sábado, 15 de octubre de 2011

Artistas y CAYADOS *

La expresión hace al artista. La posibilidad (también la garantía) de expresarse se procura afuera. Adentro bulle la cosa, bate el parche su múltiple tensión… Si la expresión no le vence o mata porque no puede salir, si se le deja brotar, en fin, hacerse, ser… entonces sintetiza. Es decir, expresa a otros… 
La voz cantante, la palabra que nutre el verso, el color del trazo… como el instrumento que tiene sus partes, su caja de resonancia y sus mecanismos, o como el pintor la tela y ésta su bastidor, así la expresión precisa de sus puntos de apoyo, de sus soportes… No hablando de los propios mecanismos psicológicos y los resguardos socio-ideológicos que cada ser humano detenta en mayor o menor medida, y donde se apoya la visión creadora de cada cual, sino en referencia a esos seres, que por su rol, temperamento y/o “estrella” les toca en suerte contener, soportar, apoyar y sostener al artista.
Los que están “al lado”, los cayados de la expresión…
De esto charlamos con la Pinty Saba en un café de Buenos Aires, después de diez años, en un reencuentro que releva recorridos y cambios y orfandades… Y a causa de la orfandad que ahora compartimos, es que ha surgido el tema y la imagen del bastón o del cayado…
Tal como me pierdo en un fárrago de palabras, conceptos y anécdotas cuando hablo de mi vieja, tratando de describirla a quien no la conoció, igualmente me resulta imposible sintetizar lo que implica su falta… La idea de un pastor (de coplas) sin cayado… con la tropilla (de versos) en franca desbandada me resulta acertada, es la figura que dice la Pinty: “Uno queda boyando, todo lo conmueve pero falta el sostén desde donde se ordenaba… se defendía”… Y me da unos cuantos ejemplos con nombre y apellido de artistas que se han sostenido en sus respectivos/as parejas u otros allegados… Yo también recuerdo seres admirados que se apuntalaban en sus abnegados afectos, que no sólo no pude admirar, sino tampoco apreciar con justicia.
El cayado no tiene descanso, no es la mítica figura de la musa, no está para inspirar. Está para resonar, para atender, para ocuparse de lo cotidiano, desde lo más elemental hasta vaya a saber que secreta combinación de gestos y rituales que de un modo absolutamente  íntimo y anónimo proveen oxigeno y carnadura a “la obra”, que de otro modo no sería tal. El mundo del arte en todas sus expresiones tiene una deuda poco (o nada) reconocida con estos seres sin los cuales el genio no se hubiese manifestado en su esplendor, y los diversos y relativos talentos tal vez no hubieran conseguido la oportunidad de manifestarse tal como los conocemos. Mientras la sensibilidad se nutre, la técnica se pule y consolida, la teoría se espesa… alguien lava la ropa, cambia pañales, busca alquileres; algunos van al banco, manejan el auto, sacan la basura, atienden el teléfono… Hacen lo que tiene que ser hecho para que lo anterior suceda… Y además, por ser lo que son –un afecto cercano- les cabe la responsabilidad de que el artista pueda, a pesar de sus “alas”, caminar en tierra y sobrevivir a su tiempo y su sociedad (evocando aquella comparación de Baudelaire entre el poeta y el Albatros).

Indistintamente destinados al olvido o a una relativa gloria compartida (según el momento de la muerte propia y de “su” artista), lo cierto es que no resultan visibles hasta que es indisimulable su existencia. Muchos terminan y terminarán como un palo abandonado, apoyado en un rincón oscuro; otros –los menos- devendrán albaceas de “la obra” como María Kodama que fue los ojos y la voz lectora de Borges durante tanto tiempo…
Y ya que digo Borges, en una reunión de amigos me convidan la siguiente anécdota (tal vez no es verídica, pero merece serlo): Borges está parado en la vereda, esperando la asistencia de alguien que lo ayude a cruzar la calle. Un codo y una voz lo tocan en el brazo: “¿Cruzamos?” Crucemos -contesta Borges- y a los dos o tres pasos se sorprende por la cantidad de bocinazos y chirridos de frenos… Rápidamente deduce que el que le tocó el brazo en la esquina es ciego también. Arriban tensos pero ilesos a la otra vereda, la voz le pregunta por el escándalo de los automóviles y él, comprensivo y contenedor, contesta con una evasiva para no inquietarlo aún más con el peligro que acaban de compartir involuntariamente…
Bue’… así se me hace que andamos los sensibles sin cayado, como atravesando el tránsito a ciegas, entre bocinazos y chirridos… No porque nos sobre algo como talento o algún don especial, sino porque nos faltan esas personas que posibilitaron el desarrollo sensible -en más de un caso como prolongación de su propia sensibilidad- y en las que nos acostumbramos a apoyarnos y resonar, a contenernos y madurar… 
Y sin las que cuesta tanto seguir andando, o cantando, o escribiendo algo tan sencillo como este saludo/homenaje a todas las madres del país, primer cayado de todos los argentinos y argentinas… 

* Un cayado es un bastón con el mango curvo utilizado tradicionalmente por los pastores