martes, 4 de julio de 2017

El gesto de LUIS





La Señorita Olga ha explicado unos ejercicios de multiplicación y ha escrito en el pizarrón los ejemplos que hay que copiar. Luego hemos resuelto entre todos, la clase completa del cuarto grado del colegio de las monjas, un ejercicio que ella fue escribiendo tiza en mano –según sus preguntas y nuestras respuestas– hasta subrayar y golpear dejando un punto marcado con violencia al lado del número, bajo la raya más larga, que es el resultado que está bien. El buen resultado. Y muy cerquita, ese tilde blanco sobre el verde pizarra, que es casi un agujero de tan puro punto conclusivo que es, aunque le vuele al costado como una alita sola de pájaro manco, cortita, que se esfuma de súbito.

Después ha escrito otro ejercicio que ha quedado ahí, desafiante hinchapelotas… sin resolver, para que cada uno de nosotros lo haga solo en su cuaderno… Pero claro, la Señorita Olga que es fea y soltera, y amaga para solterona, es también y a lo mejor por eso, muy seria y responsable. Entonces camina entre la fila de bancos pispeando los cuadernos, marcando algo con su índice que se curva sobre el cuadriculado de la hoja y parece que la uña señala algo que no se alcanza a ver entre los números garabateados en lápiz, ni en toda la superficie del cuaderno, ni del banco, ni siquiera de toda el aula. El dedo curvo de la Señorita Olga, que le deforma la voz y las palabras, con la uña haciendo presión en el equívoco, tal vez quiere marcar algo que no está allí, pero que ella ve… Algo que va más allá del patio de la escuela con su mástil y su bandera, algo como un lamento que se derrama quizá, por las acequias del pueblo, algo que ya debe haber sido desde antes una queja… entre las calles y su calle, en su casa de ladrillos y fantasmas,  con los postigos fijos… Siempre cerrados…

Todos tenemos presta la goma, y borramos antes de entender qué es lo que está mal, porque nos aterra ese índice con la uña pintada de rojo furioso… y luego el tono varonil en el que formula al resto del grado una pregunta que –tiene toda la intención– debe revelarnos lo evidente del error… Y nosotros borramos. Y, como no entendemos, la mayoría vuelve a escribir lo mismo que había borrado. A algunos de nosotros el miedo nos pone rápidos, nos arriesgamos escribiendo y borrando, borrando y escribiendo, con tal de que en la siguiente ronda, la Señorita Olga no vea que nos da lo mismo… Pero a otros como a Luis, el miedo los vuelve más lentos… por no decir que los paraliza.

Se ha escuchado la admonición primero y luego la amenaza y más tarde casi el auto insulto, resignado pero rencoroso, de la Señorita Olga parada al lado del banco de Luis. Luis ha mirado dos veces hacia arriba, porque alcanzó a escuchar Mirame cuando te hablo y ha vuelto a mirar donde le indican mirá, ¿no ves que eso está mal? ¿Cuánto es siete por nueve? Y no puede borrar ese gesto amable con que nació. Tiene casi dibujada una sonrisa en el corte de la boca aunque esté muy serio y más que serio, como ahora que está sufriendo y obligado a participar… Forzado partícipe necesario del enojo de la Señorita Olga. Una bronca impune, una larga y lenta queja de fantasmas o simplemente de encierros y dolores sin ventilar que llevó a su padre un día a ahorcarse  en la sala de estar… la única vez que se vieron autos y gente en la puerta de la casa de la Señorita Olga, que ahora agarra de la oreja a Luis, que en realidad es Luisito porque tiene apenas nueve años de edad y toda una vida por delante para corregir ese gesto facial tan simpático.

Lo ha parado del banco con el tirón de la oreja y le grita lo burro y animal que es. El resto contenemos el aire, temblamos pero tratamos que no se note. Algunos lo miramos al Luisito porque no podemos entender esa violencia, y ahí está: encendido y colorado como un tomate, con la cabeza oblicua porque el tirón es constante hacia arriba, y el gesto sonriente y dócil. Pienso aquí,  cuarenta años después, que si llorara o si se le viera otra actitud que no fuera su educada resignación para con quién tiene el saber y el poder, eso se terminaría… Pero en un fugaz cambio de miradas, cuarenta años atrás, me parece que el Luis tiene muy claro que no puede jugar otra carta. Que tiene todas las jugadas escritas en su carita, cuando se sonríe o me sonríe acusando el dolor de la oreja ardiente y el pelo retorcido en el trinque feroz.

Aunque todavía no tenemos edad para entender lo que es aguantar, la clase aprende inconscientemente que hay quién ha nacido para recibir… Y todos los días nos paramos al lado del banco que nos toca y mientras miramos un crucifijo al medio y arriba del pizarrón, respondemos fuerte y claramente: ¡Buenos días Señorita Olga!

Desde una silla PETISA




Hay un tipo en el techo de una casa de enfrente que desclava tablas de machimbre de los tirantes y las arroja a la vereda. Cada tanto pasan conocidos que le gritan desde el borde de la acequia, si por fin se ha puesto a limpiar, o si no les regala esas tablas… El hombre se desentiende rápido de las cargadas y posibles diálogos y sigue en lo suyo. Debe pensar que si no, no le rinde la tarea.

Por la calle, desde la cuadra anterior vienen trabajando unas máquinas de vialidad provincial, afirmando la tierra para comenzar a echar el asfalto, lo que siempre genera curiosidad. Algunos parroquianos interrumpen sus actividades, otros se congregan especialmente y apoyados en sus bicicletas, miran desde la esquina. Intercambian comentarios, comparten expectativas…

Ahora un camión semirremolque que llega del lado del canal se detiene en el medio de la calle, frente a la casa con el hombre en el techo. Al frenar deja escapar el aire produciendo un ruido estrepitoso que hace que todo el mundo lo mire… Todo el mundo, menos el tipo del techo, que sigue desclavando tablas doblado sobre los tirantes. El conductor del camión vuelve a dejar salir el aire de los frenos a la vez que le hace señas con la mano y tal vez le chifla o grita algo que se pierde en el ruido de frenos, motor y máquinas…
El del techo se endereza, asiente levemente con su cabeza y continúa con su trabajo. El del camión se baja pero antes, acciona el volquete del semirremolque. La mole de la carrocería se levanta lenta y aparatosamente, lo que hace que el tipo del techo, ahora sí, decididamente, le preste atención. El camionero le grita: – ¿Vas a arreglar ahí? – y sin esperar respuesta se mete entre el chasis y la carrocería del volquete, del que, por otra parte, no cae nada… Grita de nuevo: –Por ahí vas a necesitar esto – y saca, de un hueco en el chasis, sendos bultos de plástico negro plegado que arroja a la calle. –Son unos paños bien grandes de plástico, te pueden servir para ese techo y para otro más.  Recién entonces el del techo dice: – ¿Sergio… sos vos? ¿Qué haces por acá loco?

Una de las máquinas con el motor regulando desde la bocacalle, emite ahora una extraña y potente bocina. El camionero, o sea el tal Sergio, mirando para ese lado dice: –Estos no laburan nunca y ahora me quieren apurar –. El del techo vuelve a preguntar – ¿Estás trabajando acá? –No, no… nada que ver, hice un viaje con alimento para cerdos… qué voy a laburar acá, si estos no laburan…  Sigue diciendo mientras arrastra sus tremendos paquetes y se acerca a las tablas tiradas en la vereda… Conversan a pesar de la diferencia de posición en el plano… se preguntan por la familia y cosas así. El del camión ha dicho algo de que el viejo anda jodido… La extraña bocina vuelve a quejarse. La ignoran pero después de un par de minutos se despiden afectuosamente saludando con el brazo hacia arriba, la mano abierta de los dos que, esta vez, no se han estrechado. El del camión arranca y moviendo lentamente su mole, le grita a los de las máquinas: –Ya va, ya va, qué tanto apuro si  asfaltan tres cuadras y después descansan dos años…

Yo ya me he venido mayor y no me dan las patas para andarlas mucho, por eso me instalo en la petisa a tomar unos mates y ver pasar lo que pasa y los que pasan. Más temprano estaba viendo cómo el mismo vecino de la casa en obras se las ingeniaba en su pobreza para sacar afuera los escombros. Se ve que no ha conseguido una carretilla, pero su pibe aporta una patineta y en eso transporta un balde de veinte litros, de esos de pintura, cargado hasta el copete de escombros…

De máquina y de camión, de carretilla y de patineta… ruedas grandes y ruedas chicas… La más grande, la de la vida, lleva para mí un giro lento, digamos, ahora acá, sentado en mi petisa de matear… Pero… tanto movimiento, tanto ingenio, esfuerzo y colaboración en los demás, es algo que hay que agradecer…. No todos los días la solidaridad tiene esta sencilla rotundez para mostrarse, y menos en las mismas narices de uno…

El "Torito" AGUIRRE


(Oído al Pablo Zabala. Villa Atuel. Mza. Diciembre 2016)



El “Torito” Aguirre era séptimo hijo varón y ahijado de Perón. Era lo que se estilaba en su tiempo, no sé si ahora sigue eso… me parece que ya no se cree en el lobizón. El General le mandó una foto dedicada y enmarcada, más una medalla. Yo le busqué esas cosas cuando se le cayó el rancho, pero no tuve suerte. Antes de eso le había cambiado un cuadro por una damajuana de vino. Ese cuadro tenía una foto del “Torito” cuando era niño, bien enmarcada y con esos vidrios medio bombé. Ahí están, medio posando, los dos chicos: el “Torito” con el hermano… el marco era muy lindo. Mi vieja le puso un espejo a ese marco, el que está colgado en el fondo del pasillo. Y yo me quedé con la foto, la tengo ahí en el taller. Me preguntan: ¿y esos quiénes son? Y yo les digo: el “Torito” Aguirre con el hermano. La quiero mucho a esa foto, lástima que no conseguí la que le mandó Perón, esa me hubiera gustado tener, y la medalla…
Pobre ya estaba muy viejito. Supo andar con una herida muy fea en la pierna a la altura de la canilla, que lo acompañó durante más de treinta años. Se le infectaba siempre y hasta echaba olor a podrido. Se la curaban y se la vendaban, y al tiempo, otra vez tenía un agujero ahí.  Dicen que no se le gangrenaba por el alcohol que tenía en la sangre.
Desde que se jubiló se dedicó nada más que a chupar y así estuvo, solo en el rancho hasta que se le cayó. Ahí le acomodamos, como pudimos, entre los escombros, con unos palos y unas chapas, su cama al lado de una pared baja que sobresalía y esa fue su última morada.
Y también lo vi la última vez que caminó, porque fue acá en el patio de mi casa. Estaba muy chupado pero igual se quiso ir. Lo ayudamos a subir en la bicicleta y se fue. Parece que al bajarse, se apoyó de lleno en la pierna mala y se le partió el hueso. Sufrió mucho en el hospital, cuando le cortaron la pierna porque no podía ni chupar ni fumar. Le pedía vino y puchos a un sobrino que lo visitaba, también “bien conservado en alcohol”, y cuando éste le decía que no se podía fumar ni chupar en el hospital, el “Torito” le pedía entonces que por lo menos le diera un beso… Un beso en la boca pa’ recuperar algo del aliento alcohólico.
Que lo tiró, pobre el viejito Aguirre, la vida que llevaba. Se murió hace dos años. Era ahijado de Perón… Vaya saber a quién le habrá cambiado la medalla. Por vino seguramente… por plata no creo.

jueves, 27 de abril de 2017

Aspectos de la CULTURA NACIONAL y POPULAR en tiempos del GRAN MACRINAL



Quienes estamos abocados desde diversas áreas expresivas a lo que se llama comúnmente arte popular y tenemos cierto recorrido y experiencia en el trabajo y la interacción colectiva, tanto en la producción de contenidos como en el compartir grupal y festivo de esas expresiones, no podemos menos que ver con desasosiego las políticas que en el área de la cultura en general, y la popular en particular, viene perpetrando, casi impunemente, el gobierno del ingeniero Macri. 

Desde el Frente Cultural Arte Militante tenemos siempre muy en cuenta que popular no es necesariamente masivo, y que cultura popular no sólo tiene que ver con lo que el pueblo consume en términos de bienes y símbolos culturales, sino además y antes que nada, con lo que el pueblo es capaz de producir. Por ello este retroceso en el recupero de componentes identitarios, siempre marginados o negados por la cultura oficial: pura, blanca y occidental que, con la gestión de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, habían vuelto a emerger con y por derecho propio, ampliando los derechos culturales de todos los habitantes del territorio nacional, debe ser señalado con claridad y vehemencia. 

Claro que hay, además muchos otros aspectos favorables que se produjeron en las gestiones mencionadas: la mayor oferta cultural, la mayor accesibilidad para más sectores sociales etc. Pero, sin duda lo más importante es que se comenzó a tratar lo cultural no sólo como el arte-cultura del que gozan y en el que se identifican siempre las élites vernáculas, sino como algo que demanda una política de estado, porque en ello se encuentran y resuelven múltiples afluentes y factores que hacen a nuestra cosmovisión e identidad como pueblo.

Frente a esta otra claudicación vergonzosa de lo propio ante los intereses de un mercado  internacional globalizado, homogeneizado y homogeneizante, que sólo particulariza y desarrolla en tanto halla potencial de mercancía, denunciamos y repudiamos esta nueva edición del cíclico intento de "volver a ser parte del mundo" a cambio de renunciar a ser nosotros.

Esto que resulta indignante para el espacio nacional y popular, es en cambio, absolutamente coherente para los funcionarios de la actual gestión de gobierno, ya que se corresponde con el resto de sus políticas y con la ideología que de ellas se desprende. 
La explica con desenfado un insólito integrante del inefable gabinete de Cambiemos en sendos videos que circulan por las redes sociales. Según el filofilósofo Alejandro Rozitchner, los valores del PRO, son la Cercanía, la Positividad y el Futuro El sujeto político ya no es el pueblo sino el individuo dice. Esto, desde el punto de vista de las expresiones artisticas, niega -porque lo desconoce- como es el proceso de acumulación que se genera previo a la creación de los hitos culturales que identifican a los pueblos. Por ejemplo: no es posible identificar un autor/inventor de esos modos de bailar, de cantar y de ejecutar la guitarra que caracterizan al flamenco y sin embargo, o por eso mismo, es la expresión que identifica y representa al pueblo gitano español Dichos modos se nutrieron durante largos años del aporte de miles de anónimos, antes de que la forma emergiera definiendo y definiéndose en la pertenencia. (Y mucho antes de que el mercado la reconociera como tal). Incluso con nuestro tango, que tiene más identificados a sus autores pioneros, es imposible atribuirle, a uno o varios individuos, la invención de sus características, porque éstas, claramente, emanaron de un colectivo popular con particularidades determinantes y en un tiempo determinado.

Pero el pueblo para el PRO es una abstracción. Luego, sólo producen los individuos. El individuo parece ser tanto destinatario como generador de la positividad de la existencia. Sencillamente, porque sería más fácil convencerlo de que la vida vale la pena. Obvio. La pena que ahora no tiene el pueblo, que aunque no existe, seria sindicado como el responsable de la producción de tristezas y angustias, aparentemente no contempladas ni admitidas en los valores pilares del gobierno de los CEOS.
No hay que preocuparse entonces de la fuente inagotable de versos, cantos, dramas, novelas etc. que identifican a pueblos y naciones, que ya no corporizarán sus pasiones, dramas y alegrías. Entonces, toda instancia institucional, incluida por supuesto La Nación, devendrá una mera entidad aglutinadora de impulsos personales, puesto que solo hay individuos dichosos de vivir, con la libertad de agruparse como les plazca o convenga, y con el deseo proyectado hacia adelante
Adelante, obvio, queda el Futuro. Y el Futuro, todo el mundo lo sabe, es lo que mejor se puede publicitar. Nada tiene mejor prensa que el Futuro en estos días de globos amarillos que se desinflan por todos los rincones. El Presente está en coma cuatro, pero el Futuro ¡ah! ese sí está lindo y goza de buena salud. Ni hablar del Pasado que, como le gusta decir al mismo filofilósofo es un lugar lleno de muertos. Si cupiera polemizar con tamaño pensador, se podría añadir que el Futuro también está lleno de muertos”… pero bue, no cabe.

Toda esta batería publicitaria, que en el fondo, no es más que un alarde conceptualístico y un burdo intento de resignificación del pensamiento conservador y antinacional, empeñado siempre en la negación de la historia y en apelar a consignas modernizantes para fomentar la dependencia, se vuelve sentido social en las capas más privilegiadas de la sociedad argentina. Son los que están del otro lado de la grieta y los responsables, históricamente, de la existencia de la misma. Para que no hubiera grieta tendríamos que ser un pueblo sumiso, al punto de la semi-esclavitud. Entre ellos, cualquier modificación en el reparto de recursos, que intente favorecer el ascenso social de las capas humildes, es un ataque a la Republica y ahora también, paradójicamente a la Democracia. Diagnóstico que ya heredamos de Don Arturo Jauretche, pero al que todavía no hemos atendido como corresponde.

Por lo tanto y por ridículo que parezca, Rozitchner no habla al pedo. Le habla al núcleo duro de Cambiemos y, siendo un productor de los Cantos de Sirena, que sirvieron para destruir tantos avances y sueños del campo popular, habla también para sus reproductores multiplicadores, que replican el mensaje desde una profunda alienación e inconsciencia de clase no todo difusor de los valores del PRO, está comprometido con los mismos contribuyendo a la disgregación tanto del Pueblo como de la Nación.
Claramente este gobierno milita la dependencia. Toda soberanía es ajena podría ser un lema de campaña para estos buenos muchachos. Los argentinos PRO le sonríen al amo y lucen con orgullo su collar de perro. Olvidados o ignorantes de aquel sentido refrán jauretcheano que recomendaba  dejar de ser perro y no sólo cambiar de collar.
Por eso no debe extrañar que, tanto algunas fiestas tradicionales como diversas expresiones de la Cultura Nacional de la más pura estirpe criolla desplieguen lujosamente sus ornamentos, y convoquen desde una gran parafernalia mediática a consumir una simbología vacía y viciada de productos de feria, tal cual lo plantean los actuales gestores de la cultura. No importa cuál es el contenido sino que sea consumido por muchos.

No obstante, como enunciamos desde el comienzo, nosotros estamos de este lado de la grieta y no alcanzamos a imaginar cómo se las ingeniarán esos individuos con los que a diario tratamos en: centros culturales barriales, talleres de teatro comunitario, centros de jubilados, bibliotecas populares, centros de murga, o murguitas de plaza y baldío, y un largo etcétera, para intentar empatizar con la visión o el cambio cultural del actual gobierno. Los viejos, por ejemplo como producirán sus relatos y versos originales, prescindiendo del pasado ¿O será que hay un rango permitido de aceptación de pasado según el propio individuo? ¿Cómo harán las murgas para cantarle loas al éxito y la realización personales, sin que suene despiadadamente a sátira? Las bibliotecas ¿ofrecerán solo libros de auto ayuda? ¿Habrá ahí disponible alguno de Alejandro Rozitchner?

Más allá del humor como recurso, para que lo dañino nos duela menos, esta nota quiere ser una voz más en el clamor popular. Ante la negación de la historia, de lo comunitario y colectivo, de los derechos históricos, los recientemente adquiridos y los que faltan conquistar; nosotros contestaremos con más conciencia histórica, con más organización popular, con más demandas a la sociedad en general y al estado en particular, por los derechos de todos los habitantes de la Patria, hasta que esta nos contenga a todas y a todos. 

Cae la tarde de abril en la placita María Elena Walsh de Villa Liniers, en Tigre. Los pibes juegan un fulbito y se va juntando la murga para ensayar Uno de los chicos champurrea una frase en la trompeta si la pelota le pasa cerca, se prende de atrás, con la trompeta en la mano

Hugo Fernández Panconi
FRENTE CULTURAL ARTE MILITANTE
PERONISMO MILITANTE